¿Qué son doscientos años en el devenir del tiempo de la humanidad? Nada. Pero doscientos años formando, evangelizando y haciendo que millones de hombres y mujeres sean buenos cristianos y honrados ciudadanos es mucho. Hombres y mujeres que multiplican ese mensaje, que esparcen su bonhomía por el mundo es de una magnífica infinitud: supone vivir un sueño que no debe terminar sino culminar en estas fiestas del bicentenario.
Estos días no celebramos sólo a San Marcelino, celebramos que continuamos su obra y eso significa que hemos sabido adaptarnos a los tiempos y mantener su mensaje pese a todo y pese a tantos.
¡Felices fiestas!
¡Viva San Marcelino!