Ayer jueves, en el salón de actos de nuestro colegio y con motivo de la celebración del bicentenario, se estrenó con gran éxito la ópera fusión CONFÍA.

Aquí el argumento y algunas fotos de esta obra:

La Tierra. El hombre. El lamento.
Nos hallamos ante una distopía. Una sociedad vacía. Ausente de valores. Donde el poder económico y social marca cuál es el camino a seguir. Donde el pensamiento crítico está anulado por la comodidad, los placeres y la servidumbre al trabajo. Donde el poder del dinero es más fuerte que el poder del amor y de la fraternidad. Donde las personas son meros autómatas al servicio del engranaje social. “No penséis. Sólo vivid” Idea fomentada y reforzada por las élites dominantes. Y la sociedad, infantilizada y anestesiada, lo acepta como su única verdad.
Pero no todo está perdido. Hay un hombre. El hombre. Su nombre, Marcelino. Nació como agua limpia y, convertido en río, soñó con desbordarse por el mundo hasta cubrirlo de fecundo limo. Y el hombre se llamaba Marcelino. Hendió el aire la furia de sus brazos, coció su pan con el rescoldo vivo de un hogar que hoy, después de tantos años, permanece encendido. Y el hombre se llamaba Marcelino. Un joven. Montagne. Su muerte se convertirá en vida. Su luz se apaga para dar luz a otros y hacer entender a aquel hombre cuál era el camino. Y el hombre se llamaba Marcelino. Hombre de Dios que busca en el joven, en el rebelde, en el revolucionario que aspira al cambio su aliado en el noble fin. “Despertad amigos”, grita desde la indignación del que, con ojos libres, por fin puede ver. Y quiere compartir esa visión. Y quiere compartir esa misión.
El camino a Fourviere, como tránsito místico, despierta en la reciente comunidad el halo necesario para iniciar la lucha. Una lucha sin armas, sin ejércitos. Una nueva era donde las lanzas se convierten en podaderas, donde las rejas no pueden contener el bosque, donde el miedo no existe y domina la hermosa libertad. La dama mística, como energía materna que invade todo, como la fuerza de la madre tierra, como María, insufla en el corazón el espíritu de familia para comenzar el cambio.
La nueva comunidad, joven y vital, es ejemplo de esa nueva sociedad, que nace de La Valla para expandir su legado por todo el mundo. Aunque el temor en ocasiones cree desazón, quien confía, como aquel hombre, conseguirá su sueño.